Agresiones a árbitros, responsabilidad compartida

Publicado el 5 de octubre de 2014

¿Quién es responsable de las agresiones a los jóvenes colegiados en el fútbol base?

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Este fin de semana un colegiado de 16 años ha sido agredido en un partido de infantiles (jugadores de 12 y 13 años) en Barañain (Navarra), el agresor un espectador de 17 años, simpatizante del equipo visitante, increpaba al árbitro en compañía de sus padres hasta que finalmente agredió al colegiado.

La agresión a árbitros no es algo nuevo, llevamos largo tiempo habituados a que jóvenes colegiados sean agredidos allí donde más desprotegidos se encuentran, en el fútbol base, pero ¿quién es responsable de que esto sea el pan nuestro de cada día?

Me permito repartir responsabilidades:

1. Medios de comunicación. Hay periodistas que colocan en la diana una y otra vez al colegiado como causante de todos los males. Regalan con verborrea fácil los oídos de aficionados encrespados que aplauden y ven como justificados improperios y demás sobre la labor de los colegiados. Se “institucionaliza y mediatiza” una visión negativa del árbitro que cala profundamente en la sociedad. Se cuenta con los dedos de una mano los periodistas que ponen en valor la difícil labor del colegiado, que reconocen cuando se equivoca un árbitro, pero que normalizan el error como parte consustancial del juego, igual que si se equivoca un portero, un delantero o un entrenador. Desde los medios de comunicación se puede empezar un gran partido en favor de los colegiados.

2. Cuerpo técnico y personal de clubes. Los clubes deben velar por la protección de los árbitros, máxime en edades más tempranas y allí donde están más desprotegidos, en el fútbol base. Esta responsabilidad no concierne solo al delegado de campo, sino al resto de miembros del banquillo y personal directivo de los clubes. No es normal o no debería serlo, el ver en un partido de alevínes, infantiles, cadetes o juveniles a padres/aficionados despotricar contra los árbitros y que nadie haga nada al respecto. Esa gente debe ser expulsada de los recintos deportivos, sean padres, aficionados locales o visitantes. Las agresiones son la secuencia lógica de un “dejar hacer” compartido.

3. El público. El agresor se esconde y se refuerza muchas veces entre el silencio del público. Es lamentable ver como los improperios de ciertas personas son reídas y jadeadas por el personal. Cada vez que ríes las gracias de esos individuos legitimas y refuerzas sus actos, tú también “gritas” al árbitro inconscientemente. Desde el silencio generalizado se legitiman esos comportamientos. Censura esos comportamientos.

4. Delegado de campo. Su función es esencial y el club debe cuidar especialmente quien ejerce tal función. En el fútbol base solo se exige presentar el DNI y parece ser que cualquiera puede ejercer tal función. Quien la ejerza debe saber que debe velar por una vigilancia activa y preventiva del árbitro en todo momento. Hemos tenido casos recientes en que el agresor era el delegado de campo y esto es un claro indicador de que algo no funciona bien en muchos clubes.

5. Los padres. Que el agresor de 17 años de Barañáin protestará al árbitro durante el partido en presencia de los padres y estos no pusieran punto final a esa actitud denota otro de los problemas de esta sociedad. Si desde pequeños se normaliza la protesta al árbitro como algo habitual, creamos un caldo de cultivo realmente peligroso. Si además es el padre el que grita al árbitro en el partido jugado por sus hijos cerramos el círculo. No es tan difícil ir a ver un partido de fútbol y no gritar a un árbitro cuando se equivoca. Yo soy árbitro de fútbol en activo desde hace 27 años y voy a ver al nuevo árbitro de 16 años que tenemos en la familia, veo muchos errores de porteros, jugadores y entrenadores y nunca he gritado a nadie, entiendo que no han errado voluntariamente y que el error es parte consustancial al juego.

6. Órganos federativos y sancionadores. El mensaje debe ser claro, agredir a un árbitro debe conllevar el fin de la carrera deportiva del agresor o inhabilitación de cualquier cargo relacionado con el fútbol, no caben medias tintas. En el ámbito penal debe regularse/tipificarse las agresiones a los jueces deportivos de forma más contundente.

Quiero terminar este pequeño esbozo reconociendo la labor de todos aquellos que desde su posición, medios de comunicación, clubes, comités de árbitros, órganos federativos, padres, etc. hacen más fácil la difícil labor de lo colegiados. Un ejemplo concreto: el árbitro agredido en Barañáin fue acompañado al centro hospitalario por un padre del club Lagunak quien le acompañó después hasta su casa. Gestos como este hacen del fútbol un gran deporte, no todo son goles.

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Un comentario a “Agresiones a árbitros, responsabilidad compartida”

  1. JUAN JOSÉ GÓMEZ dice:

    El comienzo de tu comentario me parece exquisito, yo también estoy en contra de la violencia en el fútbol y fuera de él, sea hacia aficionados, jugadores, técnicos o árbitros. En mi cuenta, @arbitrofutbol, siempre he defendido que el árbitro debe comprometerse con su labor para ser honesto consigo mismo, y con el colectivo al que representa. Aspectos de mejora los hay en todos los ordenes de la vida y puedo asegurarte que donde tu ves sombras, yo veo a muchos jóvenes colegiados esforzándose por mejorar día a día, entrenando, intentando hacer bien su trabajo para conseguir tener buenos informes y finalmente cumplir sus ilusiones. Te mando igualmente un cordial y sincero saludo.

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