Aprendamos de las agresiones a los árbitros

Publicado el 11 de noviembre de 2015

Algunos jugadores y técnicos utilizan las agresiones a los árbitros para meterles aún mayor presión y condicionar su labor, este no es el camino a seguir.

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Oscar2 AUTOR: OSCAR GARCÍA MANCERAS

El asiento todavía está caliente. Sé que alguien ha estado ahí sentado y no ha dado tiempo a enfriarse. Han pasado siete días desde que un árbitro de 19 años fuera agredido en el partido de Primera División Territorial de Vizcaya entre el Arraultzaldeon – Ortuella. Recibió un puñetazo que le tiró al suelo y le rompió un diente. Siete días que deberían haber servido de concienciación, pero que no se ha traducido en tal. La tensión sigue presente en algunos campos de la regional.

Este fin de semana el balón ha vuelto a rodar con normalidad. Sin embargo, algunos jugadores han querido recordar a los árbitros el desagradable suceso acontecido la jornada anterior. En vez de escarmentar, de entender que hablamos de personas, algunos han adoptado el suceso como medida de presión. Para ejemplo, un botón.

En uno de los partidos de competición territorial, tras una primera amonestación por “hacer gestos de desaprobación”, el jugador le dijo al árbitro: “Te vamos a hacer lo mismo que hizo uno del Ortuella la semana pasada a tu compañero, te vamos a romper la boca”.

Para ejemplo, otro botón. En otro partido un delegado le espetó al árbitro: “No me extraña que luego os pase lo que os pase”.

Volviendo al caso inicial, el agresor, debidamente identificado y sancionado, ha sido además denunciado en una comisaría de la Ertzaintza. El castigo del Comité de Competición de la Federación Vizcaína de Fútbol de 2 años por el puñetazo, más cuatro partidos por la agresión al rival que motivó su expulsión, es el preliminar de lo que pueda decidir la justicia. Según parece se va a producir un juicio rápido y, según la jurisprudencia en este tipo de asuntos, el individuo en cuestión se enfrenta a una multa económica.

Quizás en estos casos, para alguien que se atreve a pegar al juez del partido, la sanción deportiva es el menor de los problemas. Acabará jugando en la Liga El Correo, en la del Deia, o en el torneo de fiestas de su pueblo. Sin embargo, lo que la justicia pueda decidir sí que debe llegar a calibrar la gravedad de la violencia en el deporte, y más si cabe ante la persona que ostenta la autoridad.

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