El spray, ¿un regalo envenenado para los árbitros?

Publicado el 7 de noviembre de 2014

Artículo de opinión: la adopción del spray no es sino un “regalo envenenado” para los árbitros, orientado a forzar la aplicación de la regla.

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foto JRTAutor: JAVIER RODRÍGUEZ TEN

Doctor en Derecho y especialista en Derecho deportivo, es autor de “Reglamento práctico de Fútbol” (Fundación del Fútbol Profesional, 2000) y ha sido miembro de la ENAF por los Comités aragonés y madrileño.

La novedad más notoria (por visible) de las modificaciones a las reglas de juego de 2014 es, sin constituir una modificación en sí misma, la adopción del spray que hemos visto utilizar en el Mundial de Brasil.

La cosa es simple. Además del silbato, las tarjetas, el bolígrafo, el cartón de anotaciones, el “pinganillo”, la base del pinganillo y el vibrador, el árbitro llevará un portaspray y el spray, que podrá utilizar para marcar el lugar de ejecución y la distancia de 9,15 m. en los tiros libres. Si la innovación tecnológica persiste, en breve habrá que dotar al árbitro de un portaequipo de combate, al más puro estilo militar, para incorporar también (por ejemplo) un medidor láser de distancia exacta, las google glasses y una parabólica con la que recibir la señal de que el balón ha entrado a gol.

Bromas aparte, se ha vendido el spray como una herramienta importante en la lucha por mantener a los defensores a 9,15 m. del balón en los tiros libres. Pero lo cierto es que cualquier árbitro sabe perfectamente cuándo una barrera se adelanta, al igual que sabe si lo hace “un poquito”, instintivamente y de manera casi inapreciable, o uno o varios pasos de manera notoria. A estas alturas no nos van a enseñar lo que se ve y no se ve en un campo. Por lo tanto, el problema no es la detección de la infracción, sino la señalización de la misma: que el árbitro se “moje” y ordene la repetición y amoneste al infractor.

Ese es el verdadero quid de la cuestión. Las reglas de juego, fundamentalmente por haber sido creadas y ser gestionadas por los británicos, aspiran a ser ortodoxas en vez de prácticas, y contienen numerosos aspectos mejorables. Especialmente la introducción de castigos técnicos en vez de sanciones disciplinarias. A los estadounidenses les costó un rato inventar una fórmula de desempate ingeniosa, espectacular y más igualada que los penaltis: el “mano a mano” portero-atacante que… claro está, prohibió FIFA utilizar. De igual modo, si las reglas de juego se gestionaran en USA con toda probabilidad se adoptarían castigos que benefician directa e inmediatamente al perjudicado, no implican alterar el equilibrio de fuerzas y serían aplicadas por los árbitros por su sencillez. Nos estamos refiriendo, por ejemplo, a que cuando un equipo tarda en sacar de banda se haga algo tan sencillo como otorgar el saque al equipo contrario, en vez de ser inflexibles con que la única decisión posible es la amonestación y que saque el mismo club… ¿Cuántas amonestaciones por perder tiempo en los saques de banda se muestran? ¿Cuántos saques al equipo contrario se otorgarían cuando el ejecutor retarda el saque? Pues eso mismo.

Algo parecido ocurre con las barreras. Dejando de lado mediciones cortas de la distancia, cada vez menores (ya que no se hace con metro, mejor a 10 que a 9 metros), el adelantamiento es por lo general instintivo (dentro de unos límites), y su castigo (¡una amonestación directa!) es de tal magnitud que los árbitros son muy selectivos en su aplicación. Vamos, que la gravedad de la sanción disciplinaria en vez de facilitar el cumplimiento de la regla, lo complica. Y ello teniendo en cuenta que se podría facilitar un castigo técnico sencillo de aplicar, como sería adelantar el lugar de ejecución 9,15 m, retrasar la barrera otros 9,15 m o directamente suprimir la barrera.

Para “mantenerla y no enmendarla” se usa ahora el spray, cuya introducción no me parece mal pero que contrariamente a lo que se piensa, el spray no opera como factor de presión para los jugadores, para los que será una referencia, sino… más que nada, para el árbitro. La regla no cambia, pero ahora el responsable de aplicarla quedará en evidencia total ante el público y las cámaras si cuando se lanza el balón alguno de los integrantes de la barrera tiene el pie adelantado unos centímetros de la línea, porque nuestro periodismo deportivo está ávido de polémica y ya veremos cómo habrá recriminaciones a imagen congelada en el sentido de “vean cómo la barrera rebasa la línea marcada con el spray al lanzarse la falta, por lo que ésta debió ser repetida y el jugador X amonestado”… incluso de “y como era la segunda tarjeta, pues el club X debió quedar con un jugador menos desde el minuto Y”. Se admiten apuestas.

En conclusión, y por los motivos expuestos, creo que la adopción del spray no es sino un “regalo envenenado” para los árbitros, orientado a forzar la aplicación de la regla y que implica el reconocimiento del fracaso en el control de una jugada concreta sin realizar autocrítica alguna sobre una posible regulación mejorable de la misma.

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