Horacio Elizondo repasa sus errores favoritos.

Publicado el 11 de octubre de 2013

Presentamos la entrevista que Horacio Elizondo, mejor árbitro FIFA 2006, realizó en una columna para Newsweek Argentina donde detalla alguna de los errores que tuvo durante su carrera y por algún motivo nunca olvidará. <AUTOCRÍTICA>.

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Horacio Elizondo: “el árbitro debe convivir con el error”.

Hay una frase que es casi un lugar común: “el árbitro debe convivir con el error”. Pero creo que la mayoría lo decimos de la boca para afuera. Sabemos que son las reglas del juego, pero no sé cuántos de nosotros aceptamos el error.

Dirigí en primera entre 1992 y 2006. Equivocaciones tuve muchas, pero dentro de la cancha recuerdo dos en particular. Y no fueron reglamentarias, sino de maduración. En el torneo Apertura 1995 jugaba Vélez –que luego sería el campeón- con Deportivo Español, y a los 25 minutos lo eché a José Luis Chilavert. Él se confundió un saque de meta con un fuera de juego, protestó y lo amonesté. Entonces se dio vuelta, levantó la pelota y la besó, haciendo un gesto de “este no sabe nada”. De haber sido más maduro lo hubiera manejado de otra manera, pero le saqué la segunda amarilla y roja. Visto de afuera, cumplí con las reglas del juego, sí, pero no lo hice bien. Las reglas no son algo frío: están dentro de un contexto. Y la función del árbitro es hacer cumplir las reglas de juego pero con una actitud proactiva de prevención.

Me pasó otra vez en el primer Mundial de Clubes en Brasil en 2000, en el partido Real Madrid-Raja Casablanca de Marruecos. Fue una jugada que la FIFA convirtió en material de enseñanza, circuló por todo el mundo, y a mí me sigue dando vergüenza cada vez que la veo. En la misma jugada expulsé tres jugadores. Hubo una falta. Un jugador del Raja [El Moubarki] agarró la pelota y se puso a hacer jueguito. Lo vi y pensé en amonestarlo, pero Roberto Carlos me ganó de mano y le pegó un cachetazo; el tipo se cayó, vino Guti y lo pateó, el del piso se levantó y lo golpeó a Guti. Entonces eché a los tres. Estuve mal, porque no fui rápido. Si lo amonestaba de inmediato por hacer tiempo, evitaba todo el lío. Creo mucho en esa tarea del árbitro: leer el juego bien y anticiparse a los problemas.

También tuve fallas fuera del campo de juego. En 2001, yo era “el” árbitro indicado para ir al Mundial del año siguiente.Lo avalaban varios factores, como el presente que tenía, la experiencia y el desarrollo internacional. Estaba convencido internamente; y el mundillo futbolístico, los de afuera, también lo sostenían. Pero eligieron a otro [Ángel Sánchez]. Mi error fue habérmela creído. Durante tres meses estuve muy mal, triste, con una sensación de injusticia y ganas de no dirigir más.

Cuando, cuatro años más tarde, me eligieron para Alemania 2006, no lo tomé como revancha. Yo siempre había dicho que mi meta era ir a un Mundial para, después, retirarme. Pero a partir de la frustración de 2002 fue la primera vez que me pregunté qué quería ir a hacer en ese torneo. Nunca me lo había preguntado: solo quería ir. Era algo interno que no contaba a nadie, hasta que se lo dije a mi esposa dos meses antes de viajar. Me lo había guardado todo ese tiempo. Le dije: “yo me preparé para dirigir la final”. Me pude contestar la pregunta. “Quiero dirigir la final”.

Y así fue. De aquel partido, todos recuerdan la expulsión de Zidane por el cabezazo a Materazzi. Yo no lo pude ver, porque la jugada se produjo en otro costado de la cancha. Tampoco lo habían podido observar mis asistentes. Fue el cuarto árbitro, el español Miguel Medina Cantalejo, quien me advirtió por el intercomunicador: “terrible cabezazo del 10 de los blancos al 6 de los azules. Cuando lo veas en el vídeo del hotel, no lo vas a poder creer”. No lo dudé. Roja. ¿El Mundial perdía a su mejor jugador? Puede ser. Pero el error hubiera sido no echarlo.

Elizondo fue elegido mejor árbitro por FIFA en 2006 tras dirigir la final del Mundial.

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